domingo, 22 de novembro de 2009

Compatibilidad

sexta-feira, 20 de novembro de 2009

Quién fuera Neruda

Un día

A ti, amor, este día,
a ti te lo consagro.
Nació azul, con un ala
blanca en mitad del cielo,
llegó la luz
a la inmovilidad de los cipreses,
los seres diminutos
salieron a la orilla de una hoja
o a la mancha del sol en una piedra.
Y el día sigue azul
hasta que entre en la noche como un río
y haga temblar la sombra con sus aguas azules.

A ti, amor, este día.

Apenas, desde lejos, desde el sueño,
lo presentí apenas
me tocó su tejido
de red incalculable,

yo pensé: es para ella.
Fue un latido de plata,
fue sobre el mar volando un pez azul,
fue un contacto de arenas deslumbrantes,
fue el vuelco de una flecha
que entre el cielo y la tierra
atravesó mi sangre
y como un rayo recogí en mi cuerpo
la desbordada claridad del día.

Es para ti, amor mío.

Yo dije: es para ella.
Este vestido es suyo.
El relámpago azul que se detuvo
sobre el agua y la tierra
a ti te lo consagro.

A ti, amor, este día.

Como una copa eléctrica
o una corola de agua temblorosa,
levántalo en tus manos,
bébelo con los ojos y la boca,
derrámalo en tus venas para que arda
la misma luz en tu sangre y la mía.

Yo te doy este día
con todo lo que traiga:
las transparentes uvas de zafiro
y la ráfaga rota
que acerque a tu ventana
los dolores del mundo.

Yo te doy todo el día

De claridad y de dolor haremos
el pan de nuestra vida,
sin rechazar lo que nos traiga el viento
ni recoger sólo la luz del cielo
sino las cifras ásperas
de la sombra en la tierra.
Todo te pertenece.
Todo este día con su azul racimo
y la secreta lagrima de sangre
que tú encontraras en la tierra.

Y no te cegará la oscuridad
ni la luz deslumbrante:
de este amasijo humano
están hechas las vidas,
y de este pan del hombre comeremos.

Y nuestro amor hecho de luz oscura
y de sombra radiante
será como este día vencedor
que entrará como un río
de claridad en medio de la noche.

Toma este día, amada.
Todo este día es tuyo.

Se lo doy a tus ojos, amor mío,
se lo doy a tu pecho,
te lo dejo en las manos y en el pelo,
como un ramo celeste.

Te lo doy para que hagas un vestido
de plata azul y de agua.
Cuando llegue
la noche que este día inundará
con su red temblorosa
tiéndete junto a mí,
tócame y cúbreme,
con todos los tejidos estrellados
de la luz y la sombra,
y cierra tus ojos entonces
para que yo me duerma.


Pablo Neruda

domingo, 8 de novembro de 2009

Último show


Detalhe para a pequena nota abaixo: "Essa torcida morde a fronha".

segunda-feira, 26 de outubro de 2009

Péssimo


Maldito subconsciente, que não nos oferece a possibilidade de play/pause quando acordamos no meio de um sonho...

sábado, 24 de outubro de 2009

Releitura

O amor de Beatriz
(Maria Esther Lacerda)

*Crônica do livro Homem de cama e mesa ou qualquer amor

Ela colecionava conchas sem conhecer o mar. Ele jogava bilhar e não sonhava. Ela vestia camisolas de cetim. Ele bebia uísque puro. Ela fazia ioga, ele tomava analgésico pela manhã. Eles se amaram por uma eternidade, até que um dia ele virou anjo e fugiu do altar. Ela, persistente, continuou a amá-lo. Seu cheiro impregnado roubava-lhe beijos, entre o sono e delírios de saudade. Ele tatuou o amor no seu cotidiano e na alma.

José vivia no corpo e nos olhos de Beatriz. Ela, por certo, guarda esse amor, esse grande amor, entre beija-flores, a lua e o cheiro de jasmim. Quando tudo parece ficar escuro, quando a noite toma assento, ela corre para a janela e, com os olhos no céu, avista sua estrela. Acolhe o vento que vem da ladeira da praça, aproxima suave, traz em surdina cantos gregorianos e, ao lado da ausência, Beatriz decompõe sua lembrança.

Beatriz e José trocaram cartas e afetos, amigos e recordações. Às vezes eram amigos de cuidar, de espiar também. Ele era solto, ela, comprometida. Eles eram dois - pra gente, um amor. Viajavam fazendas e deslizavam asfalto, juntando os pés num destino só. Era bonito o par, maduro e solto. Era também feito maracujá, doce e azedo. Aos domingos iam ao cinema. Ele gostava de sorvete de pistache, ela preferia pastel frito com caldo de cana. Ele lhe dava flor, e ela, colo pra amar. Ele, distante, telefonava. Ela, com doçura, tecia remendos e curava seus arranhões. Um dia de fevereiro, José foi embora. Partiu de repente, numa rodovia de desencanto. Beatriz chorou. O tempo os ludibriou. Levou pro lado de lá, além do corpo, das mãos e dos beijos, seu amor.

Entre brisa de primavera, entre um ano e outro, ela tinha sempre o que guardar. Aguardava o tempo e, dentro de uma caixa de música, acolhia a espera.

Tudo era duplo: dois amores, duas casas, dois colchões, dois isso, dois aquilo, dois caminhos, dois pratos, duas toalhas, dois corpos – às vezes um só – anel solitário, silêncio, um lado da cama vazio, um outro guardado, um chinelo, um encontro marcado – desencontro – dos sonhos, dos caminhos, dos amigos, das palavras, do par – um amor quase perfeito.

Meia-noite, meia-página, meia-lua. Metade da história, metade da vírgula, metade do tempo, metade da laranja, metade de dois - um só – amor inteiro. Tudo feito prosa de um verso.

Nesse tempo sem par, ela espia a ladeira e reza na igreja do Rosário. Levanta cedo, compra pão e faz um só café.

Pela torre da igreja de Mariana o vento repassa feito um passarinho, o tempo pendura no sino parado e triste como os olhos de Beatriz. Tudo desfeito, quando chove: a rosa, as pregas do vestido, não o amor de Beatriz.

# Esse texto fez o curto trajeto Savassi/Floresta durar uma eternidade.

quarta-feira, 21 de outubro de 2009

El dueño Gardel


Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar,
¡cómo ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar!
Y si es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
¡todo, todo se olvida..!

El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
me contarán tu amor.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá...¡que eres mi consuelo..!

Recitado:
El día que me quieras
no habrá más que armonías,
será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodías
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor,
florecerá la vida,
no existirá el dolor...

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá... ¡que eres mi consuelo!

Foi pouco?

Então, mais uma rodada: continuação de A vida (exatamente) como ela é.
E dessa vez, mais 'exatamente' ainda.