"Recomponete y andate, flaca." Fue lo último que escuchó aquel día. Y se fue, como los que se van de la
nada hacia la nada misma. Pero se fue. Tenía aire gris y grises también
los ojos. En lugar de palabras, le salían sollozos -no lo entendía muy
bien. Tampoco entendía el juego. "A qué jugamos?". Nunca lo supo, pero se percató de que había un hueco justo en el pecho. Algo se le habían
llevado; algo que por ahora no podía identificar, pero se sentía
decaer. "Mejor lo lleno con arena y piedritas del camino", pensó. Y lo
hizo. Y se alejó del juego, con arena y piedritas del camino en lugar
de aquello que se le quitaron. Dicen que jamás volvieron a verle brillo en los ojos.
[A.R.]
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