...y que tu blusa atora sentimientos
que respirás.
que respirás.
Una hoja en blanco te escucha.
Nadie más lo hace, pero ella está ahí, escuchándote paciente. No te cuestiona, no pregunta razones, no te juzga. Están solos en la noche, la hoja y vos. Le contás de amores náufragos, de corazones rotos y sueños desgarrados: todo lo escucha, cómplice. Sabe de promesas, de juras de amor fugaz... fugaz como el instante del beso que se hizo golpe y te hizo sangrar. La hoja te ve llorar, siente tus penas, siente tus ganas de gritarle al mundo, de gritar por socorro, de gritar por clemencia, de gritar por amor, y sin embargo no gritás, te atragantás, apenas podés respirar; te sofocás, porque quisieras decirle a él pará! por amor de Dios, pará. Pará que me estás consumiendo cada segundo no vivido, pará que se me agotan las fuerzas y mis manos ya no te pueden detener. Te vas. Queda tu amargo silencio. Queda lo blanco de una hoja de papel esperando la plegaria vacía que nunca leerás.
[A.R.]
.
.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario