sábado, 2 de abril de 2016

La tregua | Miércoles 15 de mayo

Miércoles 15 de mayo
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Estuve en el café de Veinticinco y Misiones. Desde las doce y media hasta las dos. Hice un experimento. "Tengo que hablar con ella", pensé, "por lo tanto tiene que aparecer". Empecé a "verla" en cada mujer que se acercaba por Veinticinco. Ahora no me importaba mayormente que en ésta o aquella figura no pudiera reconocer ni un solo detalle que me la recordara. Yo igual la "veía". Una especie de juego mágico (o idiota, todo depende del ángulo desde el que se mire). Sólo cuando la mujer se encontraba a pocos pasos, yo efectuaba un brusco retroceso mental y dejaba de verla, sustituía la imagen deseada por la indeseable realidad. Hasta que, de pronto, el milagro se hizo.

Una muchacha apareció en la esquina y, de inmediato, vi en ella a Avellaneda, la imagen de Avellaneda. Pero cuando quise efectuar el consabido retroceso, sucedió que en la realidad también era Avellaneda. Qué salto, Dios mío. Creí que el corazón se había instalado en mis sienes. Estaba a dos pasos, junto a mi ventana. Dije: "¿Qué tal? ¿Qué anda haciendo?". El tono era natural, casi rutinario. Miró sorprendida, creo que agradablemente sorprendida, ojalá que agradablemente sorprendida. [...]
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BENEDETTI, M. La tregua. Buenos Aires: Editora Sudamericana, 2000. p. 61-62.
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