domingo, 12 de junio de 2016

La tregua | Viernes 7 de junio

Viernes 7 de junio
.
[...] Entonces dijo: "Usted es muy bueno. Quiero decir, que se porta muy bien". Y yo, que me conozco, mentí como un santo: "Claro que soy muy bueno. Pero no estoy seguro de estarme portando bien". "No sea creído", dijo, "¿no le enseñaron, cuando era chico, que cuando uno se porta bien no tiene que reconocerlo?". Era el momento y ella lo esperaba: "Cuando era chico me enseñaron que siempre que uno se porta bien, recibe un premio. ¿Acaso yo no lo merezco?". Hubo un instante de silencio. No le veía la cara porque el follaje de un maldito pino municipal interceptaba la luz de la luna. "Sí, lo merece", oí que decía. Entonces sus dos brazos emergieron en lo oscuro y se apoyaron en mis hombros. Debe haber visto ese preparativo en alguna película argentina. Pero el beso que siguió no lo vio en ninguna película, estoy seguro. Me gustan sus labios, quiero decir el gusto, el modo como se hunden, como se entreabren, como se escapan. Naturalmente, no es la primera vez que besa. ¿Y eso qué? Después de todo es un alivio volver a besar en la boca y con confianza y con cariño. […] Qué adelantos, Señor. Ni ella ni yo lo dijimos, pero después de esta jornada hay una cosa que quedó establecida. Mañana pensaré. Ahora estoy cansado. También podría decir: feliz. Pero estoy demasiado alerta como para sentirme totalmente feliz. Alerta ante mí mismo, ante la suerte, ante ese único futuro tangible que se llama mañana.
.

BENEDETTI, M. La tregua. Buenos Aires: Editora Sudamericana, 2000. p. 75-77.
.

No hay comentarios.: