31 de octubre
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El cielo ausente, sin nombre. Hubo árboles junto al río. El verde duro de las hojas erguidas. Ramas seguras y para siempre en los troncos mudos. Hubo un agua en bloque, posible de dividir en pequeños ríos sin sentido. Sólo los barcos avanzaban y flotaron. Y ello porque no existían sino en mi memoria. [...]
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Sed sin desenlace. Separada del acto de beber, de saciar. Deseo puro. Ángel bebedor. Sed de todo, de todos.
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(2003, p. 250)
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Alejandra Pizarnik, Diarios.
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