sábado, 29 de abril de 2017

Dialéctica de mocosos

¿Nunca?
Nunca.
Para vos ¿qué significa la palabra nunca?
Jamás.
Ah, no. A mí «jamás» me parece mucho más categórico, negativo.
Yo los veo como sinónimos.
A ver si me entendés. Pensá en la palabra «siempre».
Pienso.
Tratá de encontrarle un sinónimo. No meras aproximaciones, como «permanentemente» o algo por el estilo, sino un sinónimo puro, certero, incanjeable.
No lo encuentro.
¿Viste? Si «siempre» no tiene un sinónimo puro, tampoco va a tenerlo «nunca», que es su oponente.
¿Y «jamás»?
Es una aproximación, apenas eso.
¿Cuántos años tenés?
Trece. ¿Y vos?
Doce y medio.
¿Y por qué tenés siempre cara triste?
Será porque estoy triste.
¿Nunca estás alegre?
¿O jamás?
He dicho nunca.
¿Y cuándo empezaste a estar triste?
La primera vez que la vieja me llevó al shopping. Es muy desalentador ver tanta gente que mira y no compra.
Yo he ido pocas veces, pero recuerdo que un sábado encontré a un viejo, como de treinta años, que no sólo miraba sino que también compraba.
Sería un turista.
Puede. En pleno verano se compró una bufanda y todos empezamos a sudar. Y eso que yo jamás sudo.
¿No sudás nunca?
Dije jamás.
Sorry.
Pero ¿qué es lo que te da tristeza?
Ver a la gente tan abandonada (aunque vayan de a dos) enfrentándose a las vidrieras como si contemplaran una camisa, cuando en realidad están usando el cristal como espejo.
¿Vos te mirás?
¿Para qué? Ya me sé de memoria.
Te aseguro que hay gente que compra. O por lo menos entra en algún puesto.
Sí, entran al boliche de una gran confitería, y al rato salen chupando un caramelo.
Y bueno, la tristeza es dulce.
También me entristece ver a las empleadas, todas planchaditas, mirando con ansia a los muchachos de atuendo deportivo que recorren invictos las avenidas del shopping.
¿Ansia o seducción?
Cuando el ansia es invasora no queda sitio para la seducción.
Qué frasecita, eh. ¿Sabés lo que ocurre? Lo que ocurre es que vos, además de triste incurable, sos un pesimista del carajo.
¡Si tu abuela te oyera ese vocabulario!
Bah, mi abuela es más posmoderna que vos y que yo. A menudo dice palabras como pelotudo, mierda, coño, hijo de puta, enchufe.
Enchufe no es mala palabra.
En su caso sí lo es, porque la dice escupiendo.
¿Jugás al fútbol?
Por supuesto. Soy golero.
¿Te han metido algún gol?
Nunca.
¿O jamás?
No, aquí sí es nunca, porque una sola vez me metieron un gol pero fue de penal.
¿Qué vas a ser de grande? ¿Futbolista?
No, ingeniero, como mi viejo. ¿Y vos?
Deshonesto.
¿Como tu viejo?
Sí, pero un poco más profesional.
¿No tenés miedo de caer en cana? ¿Nunca?
—Jamás.
 .
Mario Benedetti | "Dialéctica de mocosos".
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