Sábado, 7
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Ayer
visité a M. He perdido. No sólo estoy más enamorada sino que es imposible que me ame. Me odio por amarla. Me odio y la amo sin
esperanza.
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Su temor de anoche cuando la quise llevar a mi cuarto. Me
hacía sentir tan miserable. Y yo sólo quería verla en el sitio en que
tanto la soñé: soñada y sonriéndome. He perdido.
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Todo lo que le decía
ella lo arrojaba como inservible. Mi amor en harapos volaba como un
paquete absurdo y nauseabundo.
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¿De qué vale anotar esto? Si al menos mi
caída perdurara, si mi desesperanza se mantuviera, si mi estado de
golpeada (como si me hubieran dado anestesia) no cambiara esta noche o
mañana.
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Mi boca se cierra furiosamente, como si hubiera jurado no sonreír
ya nunca más. Sospecho que ayer no hice sino cobrar mi cuota periódica
de golpes y humillaciones. Pero creo que se me fue la mano.
Alejandra Pizarnik, Diarios.
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